El cuarto de bebé Farmhouse se diseña con la misma filosofía que la cocina de campo: debe ser cálido, funcional y tan agradable que quieras pasar tiempo en él, porque así será: pasarás muchas horas allí, con frecuencia en mitad de la noche. El estilo apuesta por los materiales naturales, una paleta neutra y relajante, y los detalles artesanales que hacen que una habitación parezca hecha con cariño y no encargada por internet.
La cuna es el corazón del espacio: un diseño de barrotes torneados o estilo Jenny Lind en pintura blanca o madera natural, vestida con las sábanas de algodón orgánico más suaves y una manta de punto. Detrás, una pared de shiplap añade una textura delicada. La mecedora cercana está tapizada en lino lavable, con amplios reposabrazos pensados para la postura exacta que exige dar el pecho a las tres de la mañana. Una pequeña mesita auxiliar con una lámpara de luz cálida, un vaso de agua y un libro completa el rincón de lactancia.
El almacenamiento responde a la preferencia Farmhouse por la utilidad con belleza: cestas trenzadas en estanterías abiertas, una cómoda de madera maciza con tiradores de latón que servirá al niño durante años, y unos cajones de madera apilados para los juguetes. La decoración de las paredes es mínima: una corona de eucalipto, un cartel de madera con el nombre y una pequeña lámina enmarcada, porque la belleza de esta habitación nace de sus materiales y sus proporciones, no de la acumulación de objetos decorativos. Este cuarto de bebé lucirá igual de precioso dentro de cinco años que el primer día.























