La habitación de bebé de estilo francés es quizás la expresión más pura de los principios del diseño francés aplicados a un reto nuevo: ¿cómo crear un espacio que sea seguro, funcional y fácil de limpiar sin dejar de ser genuinamente bello? La respuesta es la misma que en cualquier otra estancia francesa —elegir menos piezas, pero mejores; preferir los materiales naturales a los sintéticos; y dejar que la habitación respire en lugar de llenar cada superficie con decoración.
La cuna marca el tono: blanco envejecido o gris suave, con un cabecero suavemente arqueado y balaustres estriados que proyectan delicadas sombras con la luz de la mañana. Un dosel vaporoso cae desde un aro anclado al techo, enmarcando la cuna en pliegues etéreos. A su lado, una cómoda con encimera de mármol aloja la colchoneta de cambio y algunos elementos imprescindibles: una pila de muselinas, un tarro de cerámica con bálsamo de lavanda, una fotografía enmarcada apoyada contra el espejo.
En el rincón, un sillón bergère de lactancia en lino natural espera la toma de las dos de la madrugada, con una manta de cachemira doblada sobre uno de los brazos. En la pared, una hilera de láminas vintage de Babar enmarcadas añade fantasía sin caer en el territorio del dibujo animado. La habitación es crema y rosa empolvado y lavanda suave: colores que calman al bebé y agradan al adulto. A medida que el niño crece, la cuna convertible se transforma en diván, la cómoda pierde su bandeja cambiador y la habitación evoluciona, pero la belleza permanece.























