La sala de estar Farmhouse es el corazón del hogar: el espacio donde la familia se reúne al final del día, donde se recibe a los invitados y donde el fuego crepita en las noches de invierno. Sus prioridades de diseño son la comodidad, la calidez y la belleza discreta de los materiales honestos. Un sofá amplio con funda extraíble, una robusta repisa de madera recuperada, paredes de tablones y algunos tesoros vintage crean una estancia que parece consolidada y vivida, como si llevara aquí generaciones.
La paleta de color se mantiene cerca de la naturaleza: paredes en blanco cálido, muebles de roble y pino natural, un acento en verde salvia en los cojines o las cortinas, y toques de hierro forjado en las lámparas y los herrajes. El sofá está cubierto con fundas de lino que se pueden quitar y lavar: esta es una sala diseñada para vivir, no para exhibir. Una mesa de centro redonda con pedestal en madera clara sostiene una pila de libros, una vela y un pequeño jarrón de gres con flores silvestres.
Son los detalles los que elevan una sala de estar Farmhouse de una simple habitación blanca con muebles de madera a un espacio con carácter genuino: una escalera vintage apoyada en un rincón, cubierta con mantas tejidas a mano; una vitrina con puertas de cristal que exhibe vajilla de gres y libros antiguos; una alfombra de yute sobre la que descansa una alfombra persa envejecida. Cada elemento ha sido elegido no por tendencia, sino por el placer cotidiano que aporta a la vida de la estancia.























